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martes, 8 de diciembre de 2009

Holocausto

El Holocausto es un tema que mucha gente califica como quemado, demasiado exprimido, repetitivo ya. Pero para mí no pierde su vigencia o su interés. Históricamente ningún tema puede, o debe, perder su interés, pues personalmente creo que de eso trata la Historia: de recordar. Recordar para no olvidar.

Y ese ejercicio de memoria debe hacerse aún con más ahínco, si cabe, cuando se trata del Holocausto. En mí nació una curiosidad innata desde niña alrededor de este tema, y sigue intacta, por no decir que se ha acrecentado. Siempre aparece algún detalle nuevo que te sorprende: un dato, un hecho, una historia personal… Y eso es lo que lo hace tan cautivador. Después de recopilar mucha información, muy dispar y diferente, he de admitir que he llegado a pensar si no tenían suerte aquellos que no salían vivos de un campo de concentración. Tener que recomponer mi vida tras haber sentido el dolor más penetrante se me haría sumamente complicado. Dormir por las noches se convertiría en una misión imposible. No sé si sería capaz de perdonar, ni siquiera de perdonarme a mi misma por seguir con vida, mientras tantos otros se quedaron atrás.

Leyendo a Primo Levi en Si esto es un hombre muchas ideas se agolparon en mi cabeza. Muchas de ellas confusas, otras claras y cristalinas. Levi es un buen escritor, pues consigue engancharte en su relato y hacerte parte de él. Sientes, casi en primera persona, esa existencia tan grotesca que le ha tocado vivir. La miseria que se experimenta es tal, que parece un imposible luchar contra lo establecido, siendo la opción más fácil la resignación, y la única resistencia posible el logro de robarle unos cuantos días de existencia a la vida. Escribe de una manera grácilmente sofisticada, pero accesible y al alcance de cualquier lector. Al leerle, se debe tratar de mantener cierta distancia entre la narración y el lector, pues su relato es tan estremecedor, que su calado puede ser demasiado profundo.

Levi es, como muchos otros, testigo directo de la rutina en los campos nazis. Piensa y escribe igual que lo hacía en Auschwitz; su dolor es el mismo. Por suerte, con el paso de los años las tristezas se mitigan y supongo que los que tuvieron la suerte (o la desgracia) de sobrevivir consiguen postrar las reminiscencias de la guerra en el olvido.

Encontré en el blog del cantautor Ismael Serrano una especie de diario en el que cuenta todos los detalles de su gira alrededor del mundo. En su viaje a Chile, y a propósito de la dictadura de Pinochet, decía: “Dar testimonio de lo vivido alimenta la Memoria Histórica y la certeza de que no se han de repetir los errores, las atrocidades cometidas en lugares como aquel. La memoria es herramienta de futuro.” Estas frases puede que contradigan las teorías de muchos historiadores o expertos, pero para mí es la síntesis de lo que ocurre con aquellos acontecimientos históricos tan trascendentales que deben ser recordados pase el tiempo que pase. El Holocausto es uno de ellos.

Cuando era más pequeña, cuando comenzaba a mostrar mi interés por este tema con la lectura del Diario de Ana Frank, mi simpatía por los alemanes en general comenzó a decaer. Es injusto culpar a todo un país, y a todos sus habitantes, de unas atrocidades cometidas hace unos 60 años. Con el tiempo no he conseguido profesarles una mayor simpatía, pero por lo menos he conseguido comprender quienes deben ser culpados, y que no todos los alemanes tienen que ser señalados con un dedo por lo ocurrido. Me alegra además, saber como la mayoría de la población teutona condena hoy en día lo sucedido, además de rechazar cualquier tipo de movimiento neonazi. Se agradece.

Pasado ya más de medio siglo desde la liberación de los campos nazis a manos de las tropas aliadas, quedan ya pocos testigos directos, vivos, de lo que vivieron los judíos. Durante este tiempo se podría decir que se ha fomentado la existencia de documentales, películas, libros e incluso cómics que contribuyen a mantener informadas a las nuevas generaciones. Son innumerables estas piezas de gran valor informativo que deben ser el legado histórico de los niños nacidos en el siglo XXI. Las editoriales además apuestan por novelas, memorias y biografías que reproducen las historias de superación de los supervivientes, no sólo por la buena acogida en el mercado editorial, sino por alimentar este depósito literario-histórico que ha de ser una referencia en unos cincuenta años.

La conclusión más importante que se deba hacer sobre todo esto, es que fue un error del pasado y que se debe hacer todo lo posible por evitar que se repita. En una sociedad actual, sabemos qué está ocurriendo en cualquier rincón del mundo gracias a las agencias de noticias, los corresponsales y a la difusión de Internet. Sería casi una utopía que un gobierno consiguiera dar forma a una industria de la muerte como la amasada por los nazis bajo el mandato de Hitler. Aún así, en un mundo de la información como el de hoy, se han dado episodios como el genocidio de Ruanda, las torturas indiscriminadas en Iraq, donde se sigue librando una guerra irracional, o el eterno enfrentamiento entre Israel y Palestina.

El futuro debe regirse por gobiernos que sepan dar fin a estas batallas y propongan una cooperación internacional que realmente funcione, que integre a todos y no excluya a nadie. Quizás, hablar del Holocausto en las aulas ayude a muchos niños o adolescentes a comprender la necesidad de la integración racial, cultural y religiosa. A mí me ayudó a darme cuenta de que hay que respetar a los demás, no importa como sean. En general, el desconocimiento sobre la etnia judía es amplio, y conocer el Holocausto brinda la oportunidad idónea de entenderles sin juzgarles.
Los que murieron, los que fueron deportados y sobrevivieron, los que escaparon, los que se escondieron, los que fueron escupidos, aislados o insultados, los que ayudaron a salvar a otros, los que se sacrificaron, los que lucharon hasta el último momento, los que escribieron para recordar, los que escribieron para olvidar…. Todos aquellos que se vieron afectados en lo más mínimo por este episodio de la Historia, fueran de la religión o etnia que fueran, los considero unos héroes.

Todo mi respeto lo brindo hacia ellos, aplaudo por su coraje y admiro su valentía. Hoy cualquier tropiezo nos parece un obstáculo y quejarnos siempre nos resulta lo más fácil. Para todos aquellos héroes que se sobrepusieron a lo ocurrido, al dolor y las cicatrices físicas o sentimentales, os admiro. Ahora sólo nos queda aprender de ellos.

viernes, 4 de diciembre de 2009

In memoriam

Ayer (4 de diciembre) falleció Jordi Solé Tura. Si me limito a poner su nombre, es más que probable que os quedéis indiferentes. Pero esas tres palabras traen mucho más detrás. Jordi Solé ha muerto a los 79 años de edad, tras una vida dedicada a la lucha, la lucha política por sus creencias. Militó clandestinamente en el PSUC durante los años más duros de la dictadura, apoyó a Carrillo mucho antes de que el Partido Comunista fuera legalizado y se convirtió en una pieza clave en la fuerza de la 'nueva izquierda'. Pasó algunas temporadas en prisión, y llegado el momento, tuvo que exiliarse por diversas capitales europeas del este, época en la que participó muy activamente como locutor de la famosa Radio Pirenaica. Ahí no queda todo. Con la transición y el fin de la dictadura volvió a España, y formó parte, junto a Manuel Fraga, entre otros, de la Comisión encargada de escribir la Constitución Española. Su extenso currículum se cierra con dos legislaturas, las de Felipe González, en las que lideró el Ministerio de Cultura. Lamentablemente, enfermó de Alzheimer, y olvidó su propia historia.

Me apenó la muerte de Solé Tura porque lo considero un personaje algo cercano a mí. Hará ya más de un año y medio, en la que una noche, topé fortuitamente con un documental en TV3 que me sorprendió. Bucarest, la memòria perduda. Albert Solé, el hijo periodista del político catalán, decidió que necesitaba hacer un ejercicio de reflexión sobre la vida de su padre, y de su propia infancia, algo difusa, inundada de secretos y tapaderas. Es, además, un documental que tiene como fin ser la memoria, ya inexistente, de Jordi Solé.

Continué mis averiguaciones sobre él, y topé con su libro de memorias, Una història optimista; memòries. Lo leí muy a gusto, me encantó saber cómo progresó de ser casi analfabeto a lograr acceder a la universidad, y de ahí a convertirse en pieza clave del PSUC. Se trata de un tomo de algo más de 400 páginas (escueto para contar una vida como la suya), y que resulta ser sólo la primera parte de su autobiografía. Promete poner empeño por escribir la segunda, pero que tristemente, nunca llegó a ser realidad, pues aconteció esa terrífica enfermedad que le ha robado los recuerdos.

Yo diría que su hijo Albert, se ha encargado de continuar con ese cometido, y la película-documental retrata de una manera detallada y a veces desgarradora la vida de un joven catalán, panadero, estudiante, soñador.
In memoriam, por Jordi Solé Tura.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Mi chasco con Luna Nueva

Está claro que la saga Crepúsculo es una máquina imparable de hacer dinero. Los cuatro libros de la escritora Stephenie Meyer han recaudado cifras millonarias, como ya lo hicieron otros tomos adolescentes del estilo de Harry Potter (de la que me considero una absoluta fan) o la trilogía Eragon. La adaptación al cine de la primera entrega, Crepúsculo, fue un absoluto éxito, ya que un recortado presupuesto consiguió una recaudación más que sorprendente.

Acudí el año pasado a ver la mencionada película, el primer fin de semana que estaba en cartelera. Recuerdo que cada vez que aparecía Robert Pattinson a escena, es decir, el vampírico protagonista de los libros (que por cierto ya participó en una de las pelis de Harry Potter), alias Edward Cullen, la sala se llenaba de grititos agudos, bastante patéticos diría yo, y que no cesaron hasta el último fotograma. La película no me pareció una obra de arte, pero me hizo pasar el rato, era bastante romántica y pese a una realización mediocre, tenía un pase.

Cual fue mi tamaña sorpresa al acudir, en esta ocasión al cine para ver la segunda entrega, y encontrar que entre los asistentes, se encontraría aproximadamente una media de edad entre los 28 y 30 años. Vale que era miércoles y en sesión de las diez, pero sigue siendo un hecho sorprendente. Ahora llega el momento de narrar mi desilusión y decepción con la secuela Luna Nueva, una apología de la tontería adolescente y de los músculos de los hombre-lobos.

Debo decir que mi hermana y mi madre son dos de esas fans histéricas y dogmáticas sobre todo lo que tenga que ver con Crepúsculo y más particularmente con Robert Pattinson. La primera ya había visto el filme (el día del pre-estreno, para más inri), y volvió a casa encantada con la película. La segunda está más que deseosa por hacer lo propio, y pese a mis opiniones desfavorables sobre la cinta, su fe sigue intacta. Aunque esta sea la situación en mi casa, yo volví del cine con la sensación de haber visto un largometraje chorra, pero que está rompiendo récords y siendo un taquillazo total.

¿Qué no me gustó de la película? Para empezar, la banda sonora de la primera entrega era mucho más brillante y cuidada en comparación con la de la segunda cinta, en la que no toma casi protagonismo. Me mata el victimismo recurrente de Bella, la humana enamorada del vampiro atractivo, que no sonríe una vez en toda la cinta y sólo sabe poner cara de circunstancias. Me cansa un hilo conductor contradictorio y poco creíble (ya sé que estamos hablando de una película de vampiros, pero es que tiene tan poca coherencia...). Pese a que sea una alegría para la vista, proclamar al viento que Jacob, el amigo lobo de Bella, ha ido al gimnasio día y noche teniéndole en pantalla sin camiseta me parece tan comercial que es incluso algo triste. Hay una escena que perpetra esto, hilarante diría yo, en la que Bella tiene un accidente de moto, y como sangra ligeramente por la cabeza, Jacob decide quitarse la camiseta, marcar bíceps y socorrerla. Tal cual el anuncio "Cuando estás orgullosa de tu cuerpo, se nota".

De hecho, llegué a aburrirme, y eso que yo soy la típica que se traga todas las americanadas disponibles y no le hace ascos a títulos como Una rubia muy legal, Ella es el chico o 12 en casa. Pero bueno, sé que aunque a mi no me gustara, va a ser la película líder hasta pasadas las navidades y que va a hacer mucha caja, y no sólo con un público adolescente. Os dejo el trailer y ya os decidís por vosotros mismos.

Aquí queda mi opinión. Ya os contaré que me parece la tercera parte...