sábado, 2 de enero de 2010
Bienvenido el 2010
domingo, 13 de diciembre de 2009
Cuando el corazón puede más que la razón
Después del primer momento de obzecamiento, vuelvo a razonar, argumentar, y soy la primera en darme cuenta de que no me gusta ser así. A veces la rabia me recorre el cuerpo de una manera tan vertiginosa que no soy capaz de darme cuenta de cómo actúo. Esto, en algunas ocasiones, me trae problemas con personas que no se lo merecen, pero simplemente no sé ser de otra forma.
Siendo demasiado exigente y queriendo que los demás se comporten como uno mismo llego a generar discusiones estúpidas, fuera de lugar, innecesarias. En los momentos de lucidez, me odio a mí misma por ser así, así de egoísta y de tonta. Me gustaría poder controlar estos impulsos, pero no puedo.
Supongo que esto es lo que ocurre cuando mi corazón puede más que mi razón.
martes, 8 de diciembre de 2009
Holocausto
Después de recopilar mucha información, muy dispar y diferente, he de admitir que he llegado a pensar si no tenían suerte aquellos que no salían vivos de un campo de concentración. Tener que recomponer mi vida tras haber sentido el dolor más penetrante se me haría sumamente complicado. Dormir por las noches se convertiría en una misión imposible. No sé si sería capaz de perdonar, ni siquiera de perdonarme a mi misma por seguir con vida, mientras tantos otros se quedaron atrás.Leyendo a Primo
Levi en Si esto es un hombre muchas ideas se agolparon en mi cabeza. Muchas de ellas confusas, otras claras y cristalinas. Levi es un buen escritor, pues consigue engancharte en su relato y hacerte parte de él. Sientes, casi en primera persona, esa existencia tan grotesca que le ha tocado vivir. La miseria que se experimenta es tal, que parece un imposible luchar contra lo establecido, siendo la opción más fácil la resignación, y la única resistencia posible el logro de robarle unos cuantos días de existencia a la vida. Escribe de una manera grácilmente sofisticada, pero accesible y al alcance de cualquier lector. Al leerle, se debe tratar de mantener cierta distancia entre la narración y el lector, pues su relato es tan estremecedor, que su calado puede ser demasiado profundo.Levi es, como muchos otros, testigo directo de la rutina en los campos nazis. Piensa y escribe igual que lo hacía en Auschwitz; su dolor es el mismo. Por suerte, con el paso de los años las tristezas se mitigan y supongo que los que tuvieron la suerte (o la desgracia) de sobrevivir consiguen postrar las reminiscencias de la guerra en el olvido.
Encontré en el blog del cantautor Ismael Serrano una especie de diario en el que cuenta todos los detalles de su gira alrededor del mundo. En su viaje a Chile, y a propósito de la dictadura de Pinochet, decía: “Dar testimonio de lo vivido alimenta la Memoria Histórica y la certeza de que no se han de repetir los errores, las atrocidades cometidas en lugares como aquel. La memoria es herramienta de futuro.” Estas frases puede que contradigan las teorías de muchos historiadores o expertos, pero para mí es la síntesis de lo que ocurre con aquellos acontecimientos históricos tan trascendentales que deben ser recordados pase el tiempo que pase. El Holocausto es uno de ellos.
Cuando era más pequeña, cuando comenzaba a mo
strar mi interés por este tema con la lectura del Diario de Ana Frank, mi simpatía por los alemanes en general comenzó a decaer. Es injusto culpar a todo un país, y a todos sus habitantes, de unas atrocidades cometidas hace unos 60 años. Con el tiempo no he conseguido profesarles una mayor simpatía, pero por lo menos he conseguido comprender quienes deben ser culpados, y que no todos los alemanes tienen que ser señalados con un dedo por lo ocurrido. Me alegra además, saber como la mayoría de la población teutona condena hoy en día lo sucedido, además de rechazar cualquier tipo de movimiento neonazi. Se agradece.Pasado ya más de medio siglo desde la liberación de los campos nazis a manos de las tropas aliadas, quedan ya pocos testigos directos, vivos, de lo que vivieron los judíos. Durante este tiempo se podría decir que se ha fomentado la existencia de documentales, películas, libros e incluso cómics que contribuyen a mantener informadas a las nuevas generaciones. Son innumerables estas piezas de gran valor informativo que deben ser el legado histórico de los niños nacidos en el siglo XXI. Las editoriales además apuestan por novelas, memorias y biografías que reproducen las historias de superación de los supervivientes, no sólo por la buena acogida en el mercado editorial, sino por alimentar este depósito literario-histórico que ha de ser una referencia en unos cincuenta años.
La conclusión más importante que se deba hacer sobre todo esto, es que fue un error del pasado y que se debe hacer todo lo posible por evitar que se repita. En una sociedad actual, sabemos qué está ocurriendo en cualquier rincón del mundo gracias a las agencias de noticias, los corresponsales y a la difusión de Internet. Sería casi una utopía que un gobierno consiguiera dar forma a una industria de la muerte como la amasada por los nazis bajo el mandato de Hitler. Aún así, en un mundo de la información como el de hoy, se han dado episodios como el genocidio de Ruanda, las torturas indiscriminadas en Iraq, donde se sigue librando una guerra irracional, o el eterno enfrentamiento entre Israel y Palestina.
El futuro debe regirse por gobiernos que sepan dar fin a estas batallas y propongan una cooperación internacional que realmente funcione, que integre a todos y no excluya a nadie. Quizás, hablar del Holocausto en las aulas ayude a muchos niños o adolescentes a comprender la necesidad de la integración racial, cultural y religiosa. A mí me ayudó a darme cuenta de que hay que respetar a los demás, no importa como sean. En general, el desconocimiento sobre la etnia judía es amplio, y conocer el Holocausto brinda la oportunidad idónea de entenderles sin juzgarles.
Los que murieron, los que fueron deportados y sobrevivieron, los que escaparon, los que se escondieron, los que fueron escupidos, aislados o insultados, los que ayudaron a salvar a otros, los que se sacrificaron, los que lucharon hasta el último momento, los que escribieron para recordar, los que escribieron para olvidar…. Todos aquellos que se vieron afectados en lo más mínimo por este episodio de la Historia, fueran de la religión o etnia que fueran, los considero unos héroes.miércoles, 2 de diciembre de 2009
No todo el romanticismo está muerto
Extrañamente, siempre había creído en el cliché de que todas las mujeres éramos así, y que por el contrario ningún hombre creía en el romanticismo. No sé si será por la igualdad (o desigualdad) de estos tiempos, pero hace ya mucho que descubrí que hay bastantes chicas que en absoluto se ven contagiadas por esta ‘cursilería’, por decirlo de alguna manera. Sorprendentemente, diría yo, hay cada vez más chicos que se ven sumidos en esta corriente, aunque no lo demuestren en público, como quizás si que lo hagamos nosotras. El chico malote ya no es lo único en oferta.
Se me ha ocurrido escribir esta entrada de hoy por una razón curiosa; una amiga me ha pedido que le recomendara algunos lugares de París, donde va a ir este puente, y entonces ha venido a mi un recuerdo precioso y emotivo. Las pasadas Pascuas viajé con mi familia a la ciudad del amor, nunca mejor dicho, y presenciamos una escena de película. Como todo turista que se precie, hicimos la larguísima cola que precedía la subida a la Torre Eiffel, y una vez arriba, sucedió algo impensable. Estábamos mirando el paisaje, haciendo fotos, esas típicas cosas que se suele hacer al
estilo guiri, cuando, a tan sólo unos metros de nosotros, un chico, de aspecto escandinavo, se arrodilló delante de su novia, y sacó un anillo para proponerle matrimonio. ¿Se puede ser más romántico? Este hecho terminó, afortunadamente, en un ‘sí’ por parte de la chica, en mi madre y yo con la lágrima a punto de caer y en un grupo de turistas maduritos aplaudiendo sin cesar.Pues bien, es ese el espíritu del que quería hablar hoy, ya que al recordar la anécdota parisina, me he dicho a mi misma que no todo el romanticismo está muerto. Que pese a este mundo de desigualdades, de pobreza y riqueza, muchas veces injusto, problemático, y en el que todos pensamos más en nosotros mismos que en ninguna otra cosa, experimentar un poco de romanticismo no está de más. Que es también una manera de sentirse vivo, de tener emoción por alguna cosa que no sea uno mismo, y de buscar hacer feliz a otra persona.

Yo voto por ello, sin dudarlo. Para impregnarse de este sentimiento, nada mejor que ver Love Actually, Notting Hill o Pretty Woman.
Y a soñar despierta.
martes, 10 de noviembre de 2009
Qué ocurre cuando no sé qué escribir
Es primordial que la puerta de mi habitación esté cerrada. Soy bastante quisquillosa con cualquier ruido. Además, teniendo en cuenta que en mi casa podemos encontrar dos perros, una hermana adolescente, un padre alborotador y una madre con vocación de cantante, dos teles y cuatro ordenadores, la contaminación acústica está a la orden de día. Ya os he dicho que el silencio es casi una utopía.
lunes, 9 de noviembre de 2009
cosas, Gente
martes, 3 de noviembre de 2009
Sí, me gusta conducir
No es un sentimiento generalizado, y mucho menos en mujeres, pero desde el primer día que puse un volante entre mis manos supe que conducir es una de las cosas que más me gusta hacer. Al principio me parecía que era difícil coordinar tantos movimientos, pero en cuanto me adapté, me dí cuenta de que cuando conduzco, me evado, me desahogo, me siento como quien dice, libre.
Hay quien dice que conduzco un poco a lo loco, y yo creo que hasta cierto punto es verdad. Muchas veces precipitada y sin pensármelo dos veces: creo que es un paralelismo con mi manera de ser. Tampoco soy una temeraria, pero sí, me gusta mucho apretar el acelerador.
Sé que hay mucha gente que le tiene miedo a conducir, un temor que se conoce como amaxofobia, y que afecta a un porcentaje de la población bastante elevado, exactamente, sobre el 64% de las mujeres y el 36% de los hombres lo padecen. Además, de entre los conductores el 33% se ve afectado por este estrés o ansiedad que se vive al volante.
Siempre he intentado tener empatía con los demás y entender cómo se sienten en determinados momentos. Respeto muchísimo a todos aquellos que padecen esta amaxofobia, pero me alegro mucho de no tener en absoluto ninguno de los síntomas que se presentan, y de disfrutar de esta manera tan mía de aquellos momentos que paso dentro de mi coche. La ciudad no es mi hábitat preferido, como tampoco lo son las autopistas o autovías; los mejores tramos son aquellos que tienen pocos semáforos, curvas no muy pronunciadas y buena gravilla.
Me gusta, además, sentir que domino el coche cuando freno, cuando cambio una marcha ya sea para acelerar o reducir, y me declaro totalmente en contra de los cambios automáticos, muy de moda últimamente, por muy cómodos que resulten.
El mejor complemento a la hora de conducir, es la música. Ya sea la radio o mis propias selecciones, me encanta acompañar cada tramo con canciones que normalmente van en consonancia con mi estado anímico. Lo redondo es conseguir emparejar un buen viaje con un buen CD recopilatorio, y sentarse a disfrutar.
No siempre es fácil transmitir con palabras lo que se siente en ciertos momentos, y aunque lo he intentado, creo que el famoso anuncio de BMW “¿Te gusta conducir?” expresa perfectamente esa sensación que me recorre el cuerpo al conducir. La genialidad de dejar atrás kilómetros y kilómetros de cemento, atardeceres, luces, árboles… todo aquello que encuentras en el camino.
Sí, me gusta conducir.

